Hace unos días alguien me recordó el tema de la preocupación de los hombres versus la ocupación de los animales. Hace poco también releí El Principito. Hace poco han pasado por mi cabeza abundantes dudas de carácter y emocionales (Léase: autocrítica, dolor, pena, felicidad, encuentros y desencuentros) Todo lo cual dio un resultado tan conmovedor que no puedo, por lo menos, partir esto con una metáfora. No, porque mis 24 años y la perturbación de mi mente ya tienen bastantes de aquellas, porque me he extrañado de mi mismo, me he maldecido públicamente y he hechado de menos públicamente, y esas cosas han dejado de lado la complacencia, pero pusieron en su lugar un tenso dolor de cabeza, o más bien eso que tenemos los hombres, preocupación.
Después de dar vuelta la página, pero hacer el ejercicio de recorrerlas en lento retroceder, me quedó preocupando