Todas mis metáforas

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Quiero dormir y comer… y después seguir durmiendo

Si me dijeran pide un deseo,
preferiria un rabo de nube,
un torbellino en el suelo
y una gran ira que sube.
Un barredor de tristezas,
un aguacero en venganza
que cuando escampe parezca
nuestra esperanza.
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—Ya sé que ya no estoy ahí. Ya no estoy en los árboles, en el aire que pasa por tus cabellos, ya no estoy en el horizonte de los caminos que recorres, pero me duele más aún saber que no estoy en la comida que preparaste hoy, o en la llamada que hiciste para calmar esa soledad pasajera que de vez en cuando llega antes del almuerzo. Yo sé que ya no esperas que te espere, ni tampoco esperas que te busque. Yo se que ya no estoy ahí, donde nacen tus sueños, donde nacen los anhelos y la melancolía. Ya no estoy, ni en tu música, ni en tus libros, ni en tus lágrimas. Desaparecí cuando me dijiste “No”, cuando me mirabas y sólo querías marcharte. Yo sé que ya no estoy ahí porque, para tí, yo y mis lágrimas no valíamos nada.

—¿Terminaste de hablar?

—No, no termino. Pero ahora simplemente me voy a encontrar dónde estoy yo.

Pensé que bastaba solo con abrazarlo. Pensé que lo que tenía que hacer era tomarlo entre mis brazos y dejar que se recostara sobre mí como la primera vez. Poner mi brazo sobre el suyo y mirar juntos el horizonte como si existiera horizonte en ese living de departamento. Como si la tierra pudiese tragarnos desde un cuarto piso. Pensé de nuevo hoy que quería encontrar en el mundo algo que me atara al cielo.Entonces cuando leía, palabra por palabra —esas palabras suyas— en escaleras y en lianas, las letras y las comas se alinearon cual torres y edificios para alzar espíritus sobre las nubes. De allí no quiero bajarme. Y por eso supe que sí tenía que abrazarlo. A veces pienso bien. 

Esperaba aquel primer beso, aquel que surge al inicio del día, aquel que te despierta, que te abre los ojos y las vísceras.  Por eso no dormí. Por eso esperé a que dieran las doce y le exigí un beso a las luces. Y no quise dormir, no quise darle tiempo al cielo para que tomara fuerzas. No había nubes; no había plumas. Y crucé todas las ciudades posibles. Corrí, transpiré anhelo y deseo; amor. No me cansé. Toqué las puertas del lugar donde esperaba y temía realmente que amaneciera sin ver aquellos labios.Pero el beso no llegó.Hasta que me dormí y me ahogué en aguas naranjas de sol nocturno.Y me tomó de la mano y me subió a las nubes. 

Este es un videoblog que hice hace un tiempo. Ahora estoy retomando el ejercicio. Es interesante hablar para alguien desconocido y futuro. 

—Ha habido tanto silencio, que se me había olvidado todo lo que me hacías falta. Como si el silencio me hiciera recordarte.
—¿Qué fue de ti?
—Fui de todo. fui médico, prostituto, barrendero, periodista, amante y vendedor de seguros.
—¿Me echaste de menos?
—Sí, sí, muchísimo, no sabes cuanto.
—¿Cuánto?
—Tanto como una noche interminable. El silencio me hacía recordarte. Siempre, como sabes, estoy lleno de recuerdos.
—Yo echaba de menos tus manos, tu sonrisa.
—No hablemos de eso.
—Sí, sí, hablemos, que ha pasado tanto tiempo, pero antes déjame abrazarte. Existen demasiados abrazos que no me has dado.
—Sí, pero los guardé.
—…
—Es que me haces falta.
—…
—Me haces falta.


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