Todas mis metáforas

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Hay días, hay días que parecen no llegar
hay días, hay días que hacen de lo imposible
y llegan a quitarme más la vida

Hay días y hay días que amanezco en cruz Lee el resto de esta entrada »

— No me hagas ningún favor. La autosalvación es tarea de cada ser humano.

— ¿Dónde encuentras el amor incondicional entonces?

— No lo sé, quizás en los que me perdonan cuando no me salvo, porque saben como puedo salvarme.

— ¿Y dentro de ti?

— Aún no lo he experimentado. Pero a veces creo que es cuando lo miro y creo que es el único que me puede encaminar a la salvación, cuando no es un capricho, es una constante, más que una necesidad.

— Cuando no puedes separarte porque te mueres.

— Sí, porque cuando está lejos siento que me equivoco. Y entonces creo que está dentro de mí. Por eso no necesito que me salves.

— Yo solo quería acompañarte.

— Puedes hacerlo. Pero sobre la salvación, si es que eres tu y quieres serlo, me salvaré a través de ti y tu a través de mí.

— ¿Y ahí es donde aparece el amor incondicional?

— Creo que sí, si no ¿cómo, cuando y por qué?

—Sí, me ha dolido el corazón. Sentado en esta silla, de pie o escuchando. Una vez, o quizás dos. Cuando no hay ni para sentir. Cuando las preguntas están de más. Cuando ya he visto a todos los curanderos. Sí, me ha dolido el corazón. Fuerte como una puntada. ¿Será la edad, doctor? Si solo tengo 25. A lo mejor creció más de lo que tenía que crecer, y mi pecho es muy chico. A lo mejor quiere volar. Sienta. Mire como late.

Si me dijeran pide un deseo,
preferiria un rabo de nube,
un torbellino en el suelo
y una gran ira que sube.
Un barredor de tristezas,
un aguacero en venganza
que cuando escampe parezca
nuestra esperanza.
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—Ya sé que ya no estoy ahí. Ya no estoy en los árboles, en el aire que pasa por tus cabellos, ya no estoy en el horizonte de los caminos que recorres, pero me duele más aún saber que no estoy en la comida que preparaste hoy, o en la llamada que hiciste para calmar esa soledad pasajera que de vez en cuando llega antes del almuerzo. Yo sé que ya no esperas que te espere, ni tampoco esperas que te busque. Yo se que ya no estoy ahí, donde nacen tus sueños, donde nacen los anhelos y la melancolía. Ya no estoy, ni en tu música, ni en tus libros, ni en tus lágrimas. Desaparecí cuando me dijiste “No”, cuando me mirabas y sólo querías marcharte. Yo sé que ya no estoy ahí porque, para tí, yo y mis lágrimas no valíamos nada.

—¿Terminaste de hablar?

—No, no termino. Pero ahora simplemente me voy a encontrar dónde estoy yo.

Pensé que bastaba solo con abrazarlo. Pensé que lo que tenía que hacer era tomarlo entre mis brazos y dejar que se recostara sobre mí como la primera vez. Poner mi brazo sobre el suyo y mirar juntos el horizonte como si existiera horizonte en ese living de departamento. Como si la tierra pudiese tragarnos desde un cuarto piso. Pensé de nuevo hoy que quería encontrar en el mundo algo que me atara al cielo.Entonces cuando leía, palabra por palabra —esas palabras suyas— en escaleras y en lianas, las letras y las comas se alinearon cual torres y edificios para alzar espíritus sobre las nubes. De allí no quiero bajarme. Y por eso supe que sí tenía que abrazarlo. A veces pienso bien. 

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